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Literatura Gauchesca
La figura del gaucho, miembro de una clase social baja, fue elegida ya a fines del siglo XVIII como motivo de una literatura que ha dado origen a la manifestación "más original" de las letras hispanoamericanas, según señalaron Menéndez y Pelayo, Unamuno y Pedro Henriquez Ureña. Escrita por hombres cultos que imitaron el habla del gaucho y ciertas formas estróficas campesinas de los payadores (improvisadores), la poesía gauchesca fue el género más exitoso de esa literatura, que tuvo también manifestaciones en el teatro y la novela. El uruguayo Bartolomé Hidalgo (1788-1823) fue el fundador de la poesía gauchesca, a la que dio sus temas sociales, bélicos y dramáticos. Lo siguieron Hilario Ascasubi (1807-1875), que inauguró el periodismo gaucho y compuso una extensa novela en verso, Santos Vega (1872), y Estanislao del Campo (1834-1880), autor del Fausto (1866). El poeta más importante y famoso del género fue José Hernandez (1834-1886), periodista y político, que en dos partes publicó Martín Fierro ("Ida", 1872; "Vuelta", 1879), considerado como la obra maestra del genero. Lírica y dramática, la obra de Hernández fue en su primera parte una verdadera denuncia de los abusos sufridos por la clase social gaucha, y en su segunda mitad un intento de integración de esa clase social a la violenta y veloz transformación que sufría la Argentina en las décadas finales del siglo XIX. Se han seguido escribiendo poemas gauchescos en el Río de la Plata hasta nuestros días y numerosos autores cultos no han desdeñado dedicar sus esfuerzos al género; Güiraldes, Lugones, Borges, prueban que la gauchesca no es solamente un intento de literatura regionalista, sino que toca problemas culturales e ideológicos de especial importancia nacional, tanto en la Argentina como en Uruguay. En el teatro, la gauchesca se inicia en 1778 con una corta pieza de comida titulada El amor de la estanciera. En 1886, la versión teatral de una novela folletinesca que primero fue un mimodrama, y a la que dio diálogos el actor José Podestá, impondrá a Juan Moreira como la obra que funda el teatro nacional rioplatense. Toda una rica vertiente dramática nacerá de ese teatro popular. En la novela, la obra folletinesca y desaliñada de Eduardo Gutiérrez (1851-1889), que se inicia hacia 1878, lo llevará a publicar en una década una serie de obras cuya finalidad concreta fue atender a la demanda de un público de muy baja cultura, en el que difundió variados mitos populares. Las vidas trágicas de ladrones y asesinos justicieros (Juan Moreira, Juan Sin Tierra, Juan Cuello, Hormiga Negra) se suman a biografías dramáticas de personajes históricos (Juan Manuel de Rosas, Los montoneros, El Chacho); aventuras, emoción, dramatismo, entretenimiento, denuncias de abusos e injusticias, defensa de valores socialmente estimables: estos fueron algunos de los motivos del éxito de Gutiérrez, cuyas obras tuvieron hasta mediados de este siglo fervorosos lectores. Los temas gauchescos han seguido después, en las plumas de autores cultos, atrayendo la atención de generaciones de escritores; el modernista Lugones de la Guerra Gaucha (1905), el vanguardista Güiraldes de Don Segundo Sombra (1926), el realista Lareta de Zogoibi (1926), el fino Borges de Hombre de la esquina rosada y El Sur, G. House en El último perro, prueban que el género no se ha agotado. Otros autores que escribieron novelas y cuentos gauchescos son B. Lynch, C. Reyles (ambos importantes novelistas), E. Amorin, Javier de Viana y E. Acevedo Díaz.
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